China tiene sed de vino

China tiene sed de vino

El profesional del vino chino viene con fuerza y da miedo. No nos podemos dormir en los laureles, ya están produciendo en su país.
Volví hace dos semanas de Hong Kong y el viaje ha sido como un sueño hecho realidad. ¿Cómo acabé allí? No fui de vacaciones, no me llamaba la atención como destino turístico, sino que el vino me ha llevado. Hace un año aproximadamente coincidí con Pancho Campo, director de The Wine Academy of Spain y me comentó que estaba preparando Wine Future Hong Kong 2011, un congreso que reúne a los grandes del mundo del vino donde se dedican a ordenar y adoctrinar este mundo con sus enseñanzas, y que en esta ocasión Robert Parker iba a realizar una cata y que necesitaba sumilleres españoles. Me lo insinuó y yo me quedé con la copla. Después de varios meses resultó que yo sería una de las candidatas para ir a Hong Kong. Esta ciudad la imaginaba en mi memoria completamente diferente a lo que es, no representa exactamente la China tradicional, ya que hasta hace una década era colonia inglesa y están muy occidentalizados, la mezcla es muy grande, es la puerta al gigante asiático. Entre sus rascacielos de vértigo, sus colores, sus olores se encuentra una sociedad fascinada por el vino, que lo estudia y que tiene curiosidad por aprenderlo. De hecho ya hay dos Master of Wine en Hong Kong Debra Meiburg y Jeannie Cho , que difunden el interés de los chinos por este sector. Cada calle de esta ciudad guarda una referencia al vino, sus enotecas, restaurantes… Pero eso si el mercado francés ha acaparado toda su atención. Es mínima la representación española  a pesar de los esfuerzos que hacen muchos bodegueros. El gigante está despierto y hay que aprovechar la oportunidad, pero cuidad no son tontos, ya no buscan la cantidad, entienden y saben lo que les gusta. Hay oportunidades profesionales para el profesional del sector, es su momento, el vino está de moda en Hong Kong.

Decía al principio de mi escrito que esta ciudad había sido un sueño para mí y todo a ha sido gracias a Wine Future. Durante tres días pude compartir mis experiencias en el mundo del vino con personalidades del sector como Jancis Robinson, Michel Rolland o Robert Parker. Ya sé porque han llegado tan lejos, no se consideran más que nadie, miran a los ojos, escuchan y te hacen sentir bien. Una cosa que me llama la atención de la gente que se dedica a este mundo es la sonrisa que bordea su cara todo el tiempo, aman el vino y no les cansa. Se contagia y creo que a mí me pasa lo mismo.

Como sumiller de Robert Parker en Hong Kong no me queda otra que contar cómo es el gurú de cerca. Tuve la oportunidad de conocerle por casualidad dos días antes del evento, fuera del congreso y en un ambiente relajado. Estaba yo con dos compañeros de la organización en el bar del hotel donde nos alojábamos y nos disponíamos a cenar algo, habíamos llevado un par de botellas de vino para probar y de repente en un susurro uno mis amigos me dijo que mirara la mesa de al lado, giré la cabeza y vi a Parker, a su mujer y a un amigo tomando algo, no había nadie más en el bar. Lo primero que sentí  fue nerviosismo pero enseguida él se dirigió a nosotros amistosamente, se ve que el hecho de que tres occidentales vestidos con la misma camiseta estuvieran bebiendo vino en un hotel chino le resultó curioso. Comenzamos a hablar y yo le dije que éramos los sumilleres que íbamos a ayudarle en la cata del congreso. De repente una bombilla se iluminó en mi cabeza, Robert Parker tenía que probar el vino de mi familia, Tudanca y así fue. Subí a mi habitación cogí una botella y un compañero se la presentó, a continuación yo le di a probar y su cara lo dijo todo: le había gustado, me preguntó la añada y continuó diciendo que era un gran vino y que si se distribuía en EEUU.

A los dos días tres grandes expertos norteamericanos David Denton, Maria E Denton y Christopher Lavin capitaneaban un equipo de veinte sumilleres para la cata que se recordaría en la historia. Más de diez sumilleres chinos, dos chilenos y dos españoles organizábamos la cata de Robert Parker. La preparación me pareció la más rigurosa que he visto nunca, cada uno de los 20 vinos se distribuían en diferentes mesas todos con un número, de cada referencia había exactamente 42 botellas y todas eran catadas por los sumilleres para asegurarse de su buen estado, las defectuosas se separaban del resto. Toda esta logística duró casi cuatro horas, ya que hubo que servir cada vino en las copas para las 650 personas que participaban. Cada botella no bajaba de los 100 euros y sabía que una vez finalizada la cata tendría que tirar el vino de las copas que había sobrado y lo que quedaba en las botellas, así fue y fue doloroso.

Robert Parker había elegido la zona Burdeos para su cata, días antes había explicado a la organización que había elegido 20 chateaux que producen calidad de premier cru a pesar de que técnicamente no lo sean y que, por lo mismo, representan una inversión muy inteligente. Era la primera vez que esa añada se mostraba en un evento público desde que los vinos habían sido embotellados, pude comprobarlo ya que varias botellas tenían escrita la añada con bolígrafo. Entre ellos. Cos D’Estournel, St.Exupéry, Angelus,Lynch-Bages o Fleur-Petrus. Durante las casi dos horas que duró la cata, solo se oía a Parker, las 650 personas permanecían hipnotizadas por sus palabras que trasmitían frescura, entusiasmo y ganas de seguir aprendiendo de este mundo. Él se define a sí mismo como un buda feliz y esa felicidad la ocasiona la razón por la que estás leyendo este blog, el vino.