Sobremesa. Revista española del vino y la gastronomía

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DE CAPRICHO

Vinos Tudanca, o la historia de un matriarcado en Ribera

Autor: Redacción Sobremesa
Miércoles, 15 de abril de 2015

Seguramente el nombre de Tudanca les sonará por haberlo visto junto a la palabra “asador” en la A-1, pero el apellido de esta familia encierra otra faceta mucho menos conocida: la del vino de Ribera del Duero.

Jesús Tudanca lleva un apellido inevitablemente ligado a la parada en tránsito para refrescarse y tomar un café o una comida antes de seguir el viaje. Pero desde hace poco más de una década, la familia, con la imagen de Vicenta de las Heras muy presente (falleció con casi 100 años el pasado invierno), elabora vino partiendo de un viñedo en propiedad en la localidad de la Horra, en Burgos.

Y es que a doña Vicenta siempre le había apasionado el campo y el vino, y como buena matriarca, supo inculcar esa inquietud en esta emprendedora familia de hosteleros (con varios establecimientos en Burgos, Zamora o Miranda de Ebro, que incluyen hoteles, bares y restaurantes), cuya ascendencia también se liga a la pastelería, oficio de la rama paterna de Jesús. El viñedo estaba ahí, con plantas entre 20 y 50 años cuyos frutos se vendían a otras bodegas, entre ellas, comenta Jesús Tudanca, a Pago de Carraovejas: “Tomás Postigo (impulsor de esta conocida bodega de Ribera del Duero, que abandonó en 2008) es amigo y siempre nos compraba uva, pero nos decía que con ella debíamos elaborar nuestro propio vino”. Dicho y hecho, los consejos de Postigo fueron otro de los acicates para comenzar a sacar partido propio a ese viñedo plantado exclusivamente con uva tempranillo.

Con esos mimbres ahora se elaboran 180.000 botellas de tres vinos tintos diferentes, un estupendo y frutal joven, muy asequible en precio (5,50 €) y al paladar; el tinto en honor, claro, de doña Vicenta, Vicenta Mater, a partir de los viñedos de más de 40 años, intenso, concentrado (10-11 euros); y Tudanca Selección, la edición más limitada (7.000 botellas) y cuidada de la familia, un vino al que se le da en bodega el tiempo que necesite y sale al mercado, según comenta Jesús, en el momento óptimo de consumo, tras pasar, también, 18 meses en roble francés, un vino con finura, sabroso y elegante.

Por supuesto, se comercializan en los locales de la familia, aunque su andadura apenas está arrancando y el proyecto vitícola se liga también a una experiencia de turismo enológico en el hotel que poseen en Aranda de Duero, de cuatro estrellas y dedicado al vino (de hecho, cuenta también con siete hectáreas de viñedo) que guarda en su interior un lagar antiguo. Por si decide no pasar de largo y hacer un merecido alto en el viaje.